"Tomado de la pagina de Matti Velez, una gran maestra"
Deseo compartir con ustedes este tema del niño interior, he estado profundizando en él, y me maravilla cada día más encontrar esa relación perfecta y exacta en cada aspecto de nuestra vida, ese entrelace pedagógico que se arma para que tengamos todo lo que necesitamos para aprender, es un arte digno de admiración que algún día comprenderemos en su totalidad.
Todos nosotros hemos sido niños una vez y, aunque quizá no nos demos cuenta, llevamos ese niño dentro de nosotros. A veces nos trasladamos al estado de conciencia del niño que fuimos, y respondemos a situaciones de nuestra vida adulta como si fuéramos todavía ese niño, con sus valores, tristezas, alegrías, sueños y su particular manera de ver e interpretar la experiencia.
Es importante aprender a reconocer a ese niño, escuchar atentamente lo que necesita decirnos, aunque sea doloroso; integrarlo y permitirle sentirse cómodo con el adulto.
Solemos ignorar que ese niño interior existe, lo rechazamos sin darnos cuenta, tal vez por miedo, dolor o vergüenza y no somos conscientes de sus necesidades. Como consecuencia, el niño, abandonado y no integrado, empieza por lo general a causar estragos en nuestra vida, haciéndonos imposible vivir una vida amorosa y feliz, llevándonos a conductas impropias en el trabajo, en las relaciones, negándonos la libertad de su expresión creativa y alegre en el juego y la diversión, entre otros.
En realidad, el niño que fuimos una vez puede ser recordado como una fuente de dolor, rabia, miedo, embarazo o humillación, o ser reprimido, rechazado, repudiado y olvidado. Rechazamos a ese niño tal como, quizás, lo hicieron otros, y nuestra incomprensión para con ese niño puede proseguir diaria e indefinidamente a través de toda nuestra vida, en el teatro de nuestra propia mente, donde el niño continúa existiendo como una sub-personalidad, un niño interior. Existen muchas razones que nos hacen sentir que no podemos perdonar a ese niño.
El niño interior contaminará de forma inconsciente el comportamiento de la persona adulta. Podría parecernos absurdo que un niño pequeño pueda vivir dentro de un cuerpo adulto, sin embargo, esto es justo lo que sucede, nuestro niño interior del pasado, abandonado, asustado y herido, es el origen de la gran mayoría de nuestros miedos, incapacidades, desconfianza y penurias.
El niño interior necesita ser rescatado, debemos recuperarlo para que finalmente se sienta redimido, liberado, seguro y protegido “por nosotros mismos”, de esta manera dejará de contaminar nuestras vidas, convirtiéndose en la fuente de nuestra seguridad, confianza y bienestar.
Cuando aprendemos a perdonar al niño que hemos sido, por algo que no sabía o no podía hacer, o no era capaz de afrontar; cuando comprendemos y aceptamos que ese niño luchaba por sobrevivir de la mejor manera posible, entonces el adulto ya no sostiene una relación de rivalidad con ese niño. Una parte no está en guerra con la otra. Nuestras respuestas adultas son más adecuadas.
Podemos, como adultos, encontrar múltiples pruebas del rechazo de los demás en nuestras relaciones actuales, sin darnos cuenta de que las raíces de nuestra experiencia de rechazo son más internas que externas. Toda nuestra vida puede consistir en una serie de actos de incesante autorrechazo, mientras seguimos quejándonos de que son los otros los que no nos quieren.
Cuando encuentras tu niño interior y dialogas con él, puedes sanar todas aquellas experiencias dolorosas y traumáticas del pasado, lo que te permite alcanzar la comprensión, mejorar la autoestima, adquirir seguridad, sanar miedos y aumentar tu calidad de vida.
Nubia Cendales
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